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Historia

Allí donde se encuentran restos humanos, se pueden descubrir concreciones urinarias.

El hallazgo arqueológico más antiguo, es el realizado por el Prof. Stephen Dyson de la Universidad de Wesleyan (U.S.A.), al encontrar cálculos urinarios en una momia egipcia, fechada hacia el año 2.500 A.C.

Es Hipócrates quien primero habla de la significación de la litiasis, con sus dolores renales, irradiados hacia adelante, arenillas en la orina y el diagnóstico de cálculos renales. Al estudiar las complicaciones, insiste en los dolores violentos que aumentan con el esfuerzo, en la hematuria y la piuria. Aconseja una terapéutica activa que llega hasta la incisión en la región lumbar.

Tres siglos más tarde, los trabajos de Celso, marcan una etapa importante en la historia de la litiasis, con la indicación de la “talla” perineal, e incisión en la vejiga.

A partir del siglo VII, tras la caída del Imperio Romano, la cirugía, como otras ramas de las ciencias, pasa a manos de los árabes. Mohamed Rhazes estudia la naturaleza y composición de los cálculos, de los que observa numerosos tipos. Aplica las primeras normas dietéticas y aconseja la administración de diuréticos.

Avicena, persigue la disolución de los cálculos en la vejiga, enumerando gran cantidad de sustancias, algunas complejas y raras, como cenizas de vidrio, cenizas de escorpión, piedra de esponja, etc.

Dentro ya de la Edad Media, son los médicos europeos los que generan avances en el conocimiento de estas enfermedades. La figura estelar de la medicina española de esta época es Francisco Díaz, quien en 1.588, publica un “Tratado de todas las enfermedades de los riñones, vejiga y orina”.

En dicho tratado, atribuye el origen de los cálculos a “destemplanzas” y es el primero que relaciona la litiasis con los minerales. Da recomendaciones dietéticas y consejos para el tratamiento del “mal de piedra”, con lavativas, baños, aguas minerales, etc.

Continuando la evolución en el tiempo, nos encontramos con una inglesa, Johanna Stephen, que trata la litiasis con medicamentos preparados por ella misma, en secreto, que se pusieron tan de moda, que en 1.739 la Corona compró las fórmulas, descubriendo que se trataba de una mezcla de plantas digestivas y diuréticas.

Hasta finales del siglo XIX el estudio de la enfermedad calculosa avanzó poco en lo concerniente a la terapéutica.

Fue, como en tantos otros aspectos de la medicina, en el siglo XX, en el que ha producido mayores avances, especialmente en los aspectos clínicos y de diagnóstico de la litiasis.

Los progresos terapéuticos abarcan desde la moderna farmacología de los analgésicos y espasmolíticos, hasta la cirugía avanzada, con la relativamente reciente incorporación de la litotricia extracorpórea.

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